Algunas personas estamos cansadas y hartas de ver a la gente juzgando todo el tiempo los defectos del otro y poniéndole apodos, el juzgar al otro parece ser el tema esencial de conversación en las reuniones familiares y sociales, pero me he dado cuenta de una cosa, la mayoría o casi todos de los que juzgan, a la corta o a la larga terminan siendo lo que han juzgado, bien dice el dicho “Lo que vemos en los demás es un reflejo de nosotros mismos”.

He escuchado a personas acusar a otras de poner apodos a la gente, pero a estas mismas personas que juzgan las he escuchado varias veces poner apodos a la gente también; y cuando se les hace saber su error siempre tienen una justificación.

Hay personas que juzgan a otras por sus defectos físicos y más tarde ellos o sus hijos adquieren esos mismos defectos que han juzgado.

Aquí entra también el tema de los aconsejadores, supongo que todos hemos recibido un consejo ya sea de un familiar o de un amigo que piensa que lo que haces está mal, pero muchas veces la persona que aconseja nunca cumple sus mismos consejos, por ejemplo, una persona reprochaba a su sobrina por haber hecho curso de titulación en vez de tesis, diciéndole: “¿Acaso no puedes hacer una tesis?”, al poco tiempo su hijo realizó de igual modo curso de titulación, por lo que a la persona que reprochaba ya no le quedó nada para decir.

Hay personas que tratan de humillar a otras por un determinado camino que han tomado y más tarde esas personas toman el mismo camino, un ejemplo de ello sería el caso de dos padres que humillan a un chico por haber estudiado en una universidad particular, diciéndole que esas universidades son para chicos que no son inteligentes y no les gusta estudiar, presumiendo de que su hija fácilmente entrará a una universidad nacional ya que ella es muy inteligente, al poco tiempo su hija no logró entrar a la universidad nacional y tuvieron que matricularla en la misma universidad particular en la que estaba el muchacho al que habían humillado, los padres nunca más hablaron del asunto. Este ejemplo me recuerda a lo que Sai Baba nos dice acerca de no jugar a los demás, nos dice que muchas veces decimos algo como “Mi hijo es muy inteligente y el hijo del vecino es un burro” y nos enseña que no debemos juzgar a los demás sino superar nuestras propias fallas.

Resumiendo, cada uno debemos de tomar las riendas de nuestra vida, dejando en paz a los demás y en vez de juzgar preocuparnos por reconocer nuestros propios errores y superarlos para poder crecer y evolucionar como Ser Humano.

Baba dice: “La primera práctica espiritual es: Buscar en ustedes sus defectos y debilidades  e intentar corregirlos y ser perfectos. ¿Cómo vamos a reconocer nuestras faltas? Un método es observar en nosotros los defectos que con tanta prontitud descubrimos en los demás, Baba aconseja juzgar a los grandes defectos ajenos como si fuesen insignificantes y susceptibles de ser pasados por alto, porque siempre tenemos la tendencia a exagerar los defectos ajenos. Somos hipercríticos en lo que concierne al prójimo y demasiado indulgentes en lo que nos concierne a nosotros.”
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